Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Rolando Gabrielli

Invitado


Bob Dylan en el Massey Hall, Toronto, Canada, Abril 1980

¿Ha llegado carta?
EL MISTERIOSO BOB ENVIÓ UNAS PALABRAS
¿Estuvo en Suecia el Oráculo de Delfos?


ROLANDO Gabrielli©

La antesala

¿Qué dirá Bob Dylan en su discurso durante el banquete del Nobel en Estocolmo? ¿Unas cuantas palabras formales, ceremoniales, para salir del paso y cumplir con la tradición del emblemático lauro? ¿Quién le convenció a cumplir con el protocolo, después de un largo silencio y excusas sobre compromisos previos? ¿O quizás cuestione que la rueda del mundo está atascada frente al abismo?  

¿O dirá que el pasado tritura el presente como si el futuro fuera una rebanada de queso? Hay que conocer la trayectoria de un hombre, para entender su voz. Hay un Dylan que no se gasta en el olvido. De ninguna manera se puede dejar de constatar el hecho de que él ha construido su propia leyenda de equívocos sobre sí mismo. Un primer Dylan es parte de su historia real, imitaba a Charles Chaplin y hacía de payaso. Alguien tan distante, al parecer, a este vaquero huraño del folk rock, que alguna vez dijo que era de New México o Texas, huérfano, inventando una nueva realidad personal, despistando a sus seguidores y entrevistadores. Tal vez quería ser otro o muchos más. No le alcanzaba el doble borgiano, porque lo multiplicaba hasta su propia imaginación. Durante un tiempo prolongado para este tipo de actos y situaciones se hizo el sueco ante la Academia sueca y congeló cualquier respuesta frente al lauro, en su tónica de personaje inefable, que toca distintos instrumentos en sus presentaciones y donde el silencio es su toque personal, maestro, dota de una indiferencia sublime a sus actos de comienzo a fin y deja para respirar una atmósfera donde sólo está su voz arrastrada e instrumentos en el formidable eco de su audiencia.

¿Puso música a la poesía o poesía a la música? El escenario escandinavo se abre como un cisne blanco en la nieve para el festín de la música y la palabra. Un plató especial, quizás haya pensado, pero es un escenario del stablishment, después de todo. 

Escáner Cultural nº: 
198
Invitado

 BOB DYLAN,

SILBANDO EN  SU LARGO PENTAGRAMA (¿El Pope del Pop?)



Rolando Gabrielli©2016


T

Robert Allen,

el  judío de Minnesota,

se preguntaba en los sesenta:

“cuántos caminos debe recorrer el hombre

antes que le llames hombre”

Ahora digo, nuevamente,

con mi generación tal vez,

más a solas quizás,

algo arrinconados posiblemente

y un poco más, a lo mejor,

en un mundo indiferente

màs que diferente.

¿Ganadores

en  un viejo  statu quo,

destapándole los sesos

a  su propia  gente?

Nos seguimos haciendo más preguntas

que en todos los tiempos.

Nuestros antepasados interrogaban al cielo,

las estrellas  y cometas,

oráculos, papiros, las piedras,

después miraron las manos

y también buscaron un destino.

El hombre sentado a la vera del camino,

el cosmos arriba en lo alto,

el  hombre  aquí rodando por su propio camino,

es cierto Bob, Dylan,  muy cierto,

"cuántas veces  se puede girar la cabeza

y decir que no has visto la realidad".

Dices que la respuesta está flotando,

silbando  en el viento.

Tan ingenioso  como verdadero,

viejo Bob,

al alcance de un sueño,

una estrella.

Rolando Gabrielli©2016

 
Bob Dylan por XIART.at 2008.


 
 ¿Homero de la contracultura?

Escáner Cultural nº: 
196
Invitado
 
NERUDA: ¿TRAS LAS HUELLAS DE UN CRIMEN?
 
Rolando Gabrielli
Rolando Gabrielli©2016
 
Pablo Neruda siempre fue más conocido que Ricardo Eliecer Neftalí Reyes. Ambos poetas y provincianos de Chile. Solo para uno alcanzó la fama y la persecución. Ricardo Eliecer Neftalí  Reyes nació en Parral, vivió en Temuco y después se trasladó a estudiar francés a Santiago. Ya era Pablo Neruda, el Neftalí quedó en la infancia, en la memoria. Los dos fueron buenos para la poesía desde un principio, solo que  hubo un cambio de nombre. No se les puede confundir, aunque tenían la misma voz gangosa y pasión por la vida y la belleza. El más conocido, canchero, viajero, admirado, criticado, leído, buscado en google, es Neruda, a pesar que Ricardo Eliecer Neftalí nació primero. Legalmente, eso sí, siguió siendo Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto hasta 1946, cuando se  inscribió con la nueva partida de nacimiento bajo el nombre de Pablo Neruda. Durante 42 años cumplió con la partida bautismal de sus padres y de ahí en adelante, siendo ya Neruda oficialmente, no dejó más de ser Neruda.   Desde los 17 años había comenzado a firmar sus obras como Pablo Neruda. Y el destino ha querido que 42 años después empiece a levantarse el oscuro velo de su muerte: si se debió al cáncer o fue  asesinado por la Junta Militar de Chile. Aún sus restos están a la espera de un veredicto de la justicia. Las interrogantes  pesan tanto como los 9 mil versos que escribió en vida y ya no es un secreto que su precipitada muerte está más cerca de la sangre que de la tinta, como su obra, a cuya palabra fue fiel hasta el final de sus días. Neruda, un gran lector de novelas policiales, disfrutaba con los maestros del género Raymond Chandler, Chester Himes, Simenon, Agatha Christie, en todas las estaciones de Isla Negra, pero nunca pensó que él se transformaría en  móvil de un intrincado caso policiaco. Las autoridades chilenas tienen la obligación ética y política de resolver el caso Neruda y para ello deben agilizar la investigación con  los científicos  de gran prestigio internacional, que ofrecieron sus servicios gratuitos. Hay preocupación internacional, especialmente en Suecia, país que le  otorgó el Nobel a una obra que prestigia el lauro escandinavo.
 
Escáner Cultural nº: 
188

Rolando Gabrieli



En una playa de Gaza

 


ORIENTE Y OCCIDENTE



En una playa de Gaza,
la muerte se revela y da un paso al frente,
pone el pecho y cae hermosamente muerta
frente al  mar y se levanta
Es un ejercicio que conoce de memoria,
inimitable ante el fuego enemigo,
transforma los cuerpos,
un  vivo ejemplo para vivos y muertos,
pero  no perdona al asesino.

Rolando Gabrielli©2014

Invitado

De Cervantes al Tololo

Parra, el último retórico de Alcalá de Henares

Rolando Gabrielli©2012

 

De la cosecha de Parra
(¿El último mohicano de la poesía chilena?
¿Esperaba este premio?”, le preguntan a Parra en uno de los breves poemas leídos hoy por su nieto con voz firme y con las modulaciones adecuadas. “No / Los premios son / como las Dulcineas del Toboso / Mientras + pensamos en ellas / + lejanas / + sordas / +enigmáticas. / Los premios son para los espíritus libres / y para los amigos del jurado / “, dice Parra.


De antes y después del discurso en Alcalá de Henares...

Nicanor Parra no irá (no fue) a recibir este 23 de abril el Premio Cervantes. No es noticia ni novedad. Pidió una prórroga de un año para su discurso. Se queda en Las Cruces con sus 97 largos años. Ya hizo el viaje de la Antipoesía por la historia de la poesía y de Chile. ¿Penélope no tiene nada que esperar, las sirenas ganaron la batalla? ¿Dulcinea es más real? ¿El Toboso o Ítaca? El antipoeta reposa, su guerra contra los molinos de viento ha sido histórica, titánica. Chile ha tenido gigantes de la poesía como los que enfrentó el Caballero de la Triste figura, con su antipoesía. No es fácil proponerse no dejar títere con cabeza. El tiempo lo cobra todo, poeta. Y la muerte, como dice su verso al médico, lo cura todo. En cambio, decidió enviar una avanzadilla, como en tiempos de las Cruzadas. Un capitán, Cristóbal Tololo Ugarte, que hace homenaje al “descubridor” de América, al hombre que se encontró con Nuestro Mundo, Colón, y algunos escuderos duchos en la antipoesía, la alquimia del verbo parriano, con la cual lleva medio siglo renovando la lengua española en poesía. Harán brillar en una mesa redonda una escritura, lenguaje, manera de ver la poesía, poco conocida y a veces no entendida en España, estos caballeros de la Antipoesía: mi amigo Federico Schopf, erudito en la obra de Parra, Niall Binns, un gringo parriano y el crítico español que fue amigo de Roberto Bolaño y antologador de Parra, Ignacio Echevarría.

Escáner Cultural nº: 
147

POESÍA

este verbo, esta palabra...

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

TÚ VOLÁNDOTE

Siempre volándote...
cuando te haces un ovillo de silencio,
en mis manos,
tu risa tan clara y los ojos
que tienen alma
de ventana y agua,
tus piernas que me llevan a todas partes,
cuerpo tibio y mirada,
lo que en ti nace y nunca muere,
lo que viene de tu mano,
lo que me regresas sin que lo pida,
lo que no se ve y queda...

Rolando Gabrielli©2006 

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BIOGRAFIANDO A GONZALO MILLÁN

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

Gonzalo Millán es un poeta atípico de la poesía chilena. Silencioso, original, trabajador incansable de la palabra. Poeta visual, olfativo, gustativo, de los sentidos corporales. Poeta precoz, de lo cual da cuenta su primer libro Relación Personal, escrito entre los 17 y 20 años, y que expresa la atmósfera del mundo adolescente, sus vivencias, con un lenguaje profundo, lleno de humor, soledad, realidad, cotidianeidad algo existencial y originalidad. Enrique Lihn, en un artículo de su obra El Circo en llamas, le llama irónicamente “el poeta mudo”, porque en verdad casi nunca se veía a Gonzalo expresar su opinión públicamente y menos polemizar con algún colega o caer en la diatriba personal, casi un lugar común en los artistas. La última vez que lo vi en 1987 en su casa a los pies del Cerro San Cristóbal, estaba de para en materia de vinos, por ser verano, y le recité sus viejos versos que mi pobre memoria nunca han olvidado: “Era pequeña y rubia/casi no tenía pechos....Yo soy un tipo extraordinario... ”Sonrió como un adolescente y la noche entró en confianza. Nos conocíamos del colegio José Victorino Lastarria y después en el Pedagógico de la Universidad de Chile. El 14 de septiembre de 1973, cuando se levantó el primer toque de queda, Estado de Sitio en el Chile de Pinochet, nos bebimos unos jarrones de borgoña en un bolichito cerca de su otra casa también a los pies del Cerro San Cristóbal. Millán escribió un poema sobre ese encuentro. Está editado y dedicado. El postigo. 

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PARRA Y ROJAS, EN EL TÍO VIVO DEL NOBEL

(¿Las nuevas Vacas sagradas de la poesía chilena?)

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

Es muy difícil que la Academia Sueca premie con el Nobel a un tercer poeta chileno. Los factores que intervienen en una decisión, son diversos y complejos. La Academia puede llegar a ser tan letal como una rosa muerta. Es sólo un autor el escogido entre los cinco continentes que suman más de seis mil millones de habitantes y algunos cientos de escritores que podrían ser agraciados por Estocolmo. Es casi el azar de una aguja en el pajar. Un solo sombrero para muchas cabezas. ¿Más fácil que atraviese un camello el ojo de una aguja que un escritor las puertas del reino de la Academia? En un mundo sin poesía, Chile presenta este año la candidatura de dos poetas. Nicanor Parra, ya vitalicio al Nobel, y Gonzalo Rojas, un primerizo de 90 años. Entre ambos suman 182 años, casi toda la historia poética chilena. Casi dos siglos, es un tiempo prudencial, para un par de personas y poetas. La poesía se está quedando sola con su palabra solitaria. No hace ruido, no suena, ni truena, en el mundanal ruido de la farándula y del mundo digital. El poeta es el verdadero aguafiestas en este paraíso perdido. Hace unos días, almorcé en el restaurante El Poema, y su Carta era un solo verso: Hoy, poesía. Un silencio sepulcral recorría las vacías mesas y las servilletas organizaban una pequeña obra de bailarinas aladas, una danza donde el tiempo se olvidaba de todos los mañanas. Afuera, la calle, la ciudad, el país, y adentro, la TV y el mundo que arrastra la imagen del fracaso, la rueda cosmética del caos. 

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PASOS DEL PUENTE ROJO

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

Hablo de un puente que no conozco, suspendido en mi imaginación, aunque sé que existe. Sobre el tiempo flota, es bruma, es metal. El Puente es un hilo rojo que nace de tus pasos y permanece el eco de un tiempo no conocido. Es el Puente que yo conozco y desconozco. Si alguien escucha tus pasos al amanecer o en la tarde rendida a tus manos, el Puente existe y su principio no tendrá fin. El Puente nace del principio y el fin de tus pasos. Es orilla y orilla, vuelo inmóvil, paso a paso. Una mano y otra mano, origen del Puente.

1

Rojo puente

Cuelga puente,
ojo de la vida:
rojo, rojo,
inédito en la huella
y vacío.
Vuela a mis pasos,
San Francisco,
con mis pies
y tu aire suspendido.

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NICANOR PARRA: LA ULTIMA CENA

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

Nicanor Parra tiene más letra menuda que el Dante y se pasea por el Infierno, como Pedro por su casa. No tuvo una Beatrice, sino una Mónica Silva y muchas más, que le llevaron del paraíso al Infierno y nunca estuvo más lejos, ni más cerca, que de su propia distancia, la Antipoesía. En su más reciente entrevista, al diario argentino Página 12, Parra, autor de Poemas y Antipoemas, Versos de Salón, Obra Gruesa y Canciones Rusas, ha hecho unas revelaciones a sus casi 92 años, para curarse en salud.

Desde un inicio de la entrevista el Antipoeta definió el terreno: usen la memoria, no quiero cámaras, ni grabadoras. El único testimonio sería la palabra. El periodista Guillermo Pellegrino y el Antipoeta, instalados en una terraza frente al océano Pacífico, iniciaron la charla. Le llamó la atención al reportero como una familia semirrural de Chillán, había trascendido las fronteras de la cultura. La respuesta la responderá Parra más adelante y podemos agregar algo que no está en la entrevista. Allí nació Bernardo O`higgins, Violeta Parra, Claudio Arrau , Ramón Vinay, Nelson y Pedro Villagra Garrido. ¿Son las aguas de las termas de Chillán las que dieron estos personajes? Todos trascendieron las fronteras de Chile y más allá. Chillán significa en idioma mapuche, Silla de Sol. Es curioso que Parra nunca haya titulado un poema o un libro con este nombre hermoso. Me lo plagiaré, ya saben.

TERREMOTO DE CHILLAN (24 de Enero de 1939)

Que se levante el raudo viento azul de otoño,
que aquí no pasa nada que puramente todo.
Chillán existe como una rosa blanca
sobre mi corazón húmedo y sin palabras. 

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HOMENAJE AL SUPERMAN DE LA ANTIPOESIA

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

Muchos me preguntan si está vivo Nicanor Parra. Les digo, como Neruda, la Mistral, Huidobro, De Rokha, G. Rojas, Hahn, Teillier, Lihn y pare de contar. Sólo que atraviesa las noches en Las Cruces con la calavera de Hamlet en el Pacífico chileno, y en un mundo lleno de terror, es el único poeta autorizado para detonar artefactos, poéticos, indudablemente.

Parra, me convencí, no cree en la muerte, él la va a enterrar y le recitará su poema de Lázaro, y si aún así no comprenden su 'inmortalidad', la rematará con un epitafio: me gustas cuando callas.
Hijo del insomnio nerudiano, Nicanor Parra, lorquiano de corazón, y parriano por obligación, vino a este mundo a pedalear por el hondo y peludo camino de la poesía entre rosas y espinas, violetas y nomeolvides, desde San Fabián de Alico a Oxford, pasando por La Reina, el Pedagógico de la Universidad de Chile, Nueva York, Pekin y Moscú. La entrada a Estocolmo se le negó dos veces, antes del cantar de un gallo, y aún así, el muy bribón también lo niega. No hay primera, sin tercera, y Nicanor va otra vez a la pecera de Estocolmo.

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UN MUNDO SIN CÓDIGOS, DA VINCI

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

Me hago ECO, de Umberto

La mujer pasó delante de mi mesa de trabajo envuelta en planos y yo en mis textos sobre arquitectura, la silueta de la ciudad. ¿Quién se inscribe para ver en estreno El Código Da Vinci? No levanté la cabeza, pero sentí como anotaba algunos nombres y los repetía en voz alta. El verbo corría por la sala de los arquitectos, sobre sus mesas, bajo las lámparas de luz blanca. No creo que alguien se haya negado al llamado del filme mediático, a la historia del inefable Dan Brown y su señora Blythe, la investigadora que descifró la historia del best seller en el libro El Enigma Sagrado de Michael Baigent y Richard Leigh. La mujer dijo OK, ya están apuntados para el viernes, y sentí el viento de la puerta detrás de mis hombros. Yo había leído hace unas horas la crítica en el Festival de Cine de Cannes, donde se estrenó el libro. Los críticos pusieron una lápida sobre el filme, su director y la estrella principal y su acompañante. No fue por eso que no me inscribí con la manada, sino por esa costumbre que tiene la gente de usar celulares, comer, mascar, reír y sobre todo hablar durante la presentación. Desde luego en Cannes, la risa, el silencio y el chismorreo no faltó. Pero, me dije, después de Cannes, a otro perro con ese hueso de Dan Brown. Iré otro día. De la novela me enteré cuando recién salió editada opor una rusa, que me llamó muy exitada con sus hallazgos y mil preguntas que me hizo. Ella, nacida en los Urales, ingeniera, agnóstica, se devoraba El Código Da Vinci y toda la historia que podía sobre el cristianismo. 

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LA VIDA ME HIZO ARTISTA, MIRTA NAROSKY

Desde Panamá, Rolando Gabrielli ©2006

 Esta entrevista, pensada y escrita a miles de kilómetros, podría comenzar con una frase: esta es el alma de Mirta Narosky, argentina, artista, madre de dos hijos y sobre todo, de sus sueños, pintora por belleza y oficio. Y no perdería el color de sus palabras, ni la indefinición de sus ojos violetas, o el enorme vicio del compromiso, la jugada personal, el brote primaveral de la búsqueda, la persistencia de un derrotero que le viene de la infancia y ella dibuja en el imaginario real de sus sentidos el futuro que le viene llegando, un presente que volverá a suceder. Los pinceles de Narosky pintan la vanguardia, no por moda, acomodo, sino porque se declara transgresora. "Lo que se pretende vender como vanguardia en lo light y yo creo en la metáfora del Arte. No considero que en épocas frívolas los artistas debemos serlo también. Alcanza con nuestra metáfora y nuestros conceptos y conocimientos para contar lo que vivimos. Lamentáblemente no es únicamente un mal latinoamericano...es un mal bastante globalizado. Pero ya cambiará".
Nos quiere decir que el alma está en lo que amamos, la gente, las cosas, la vida, la mirada personal de lo que nos rodea, somos y hacemos, construimos en verdad. El Arte inquieta, sacude, aturde, alerta. El Arte, nos dijo Bertold Brecht, nos hace ver lo que no existe en nuestro mundo. Un buen comienzo para comenzar a abrir los ojos.

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DEBIÓ SER UN ANIMAL DE SUEÑO

Desde Panamá, Rolando Gabrielli

 Plantada en la rotunda estética de su arquitectura visual, hembra de huesos ardientes, animal vertebrado en la magnífica, brutal esencia de lo serenamente irracional, Henriette Théodora Markovic, se dejó caer desde Buenos Aires, a sus 19 años, en el París de los años veinte, de todos los sueños posibles y los que se inventaban cada día en la atmósfera surrealista. Había nacido en Francia, París, pero estudió hasta esa edad en la reina del Plata. Venía con más de cinco sentidos, dispuesta a comerse con los ojos, la piel, el mundo que se le presentaba alucinante en la gran vitrina parisina. Alta, morena, sensual, dormida como un trébol, la enigmática baraja, el Tarot de quien se llamaría artísticamente Dora Maar, entraba al juego de la vida.

A Dora Maar se le conoce como la amante de dos mitos del arte y la literatura, monstruos sagrados, iconos: Georges Bataille y Pablo Picasso. Fue muchas más que eso, apéndice de artistas e intelectuales, imagen pasional, audaz vitrina de sí misma, antología de sus noches. Así escribe Bataille en su libro El Poder de la Palabra , un texto titulado: El Erotismo. " En medio de un enjambre de muchachas, desnuda Madame Edwarda sacaba la lengua. Ella era, para mi gusto, encantadora. La elegí: ella se sentó cerca de mí. Apenas tuve tiempo de responder al mozo: tomé a Edwarda que se abandonó: nuestras bocas se juntaron en un beso enfermo.

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COCINANDO CON LOS CLÁSICOS, LA POESIA

Ingredientes Nerudianos

Desde Panamá, Rolando Gabrielli

El gran cocinero de la materia, de los frutos de la tierra y el mar, esperanzas y luchas del hombre, fue Pablo Neruda. Otro tiempo, otra historia, otros vientos soplaron el fogón de su poesía. Cocimiento de greda, palabra Sur, seducción de los aromas, mosto de soleados viñedos, secreta rosa de una colgante luna. El poeta comenzó con las cerezas pálidas, juveniles en los muelles del alba, sus canciones desesperadas como aromos en flor. A fuego lento, sobre la superficie del pequeño horizonte de la ventana del atardecer crepuscular de Maruri, el poema se hizo carne deseada. Rangún, el fruto de la soledad, la gran materia de la poesía, su desvencijada textura, la carroza rosa del atardecer.

Yo creo en la cacería del tulipán negro. La rosa inválida de la noche, sus rotas espinas. Menú de mar revuelto la espuma del cochayuyo, de patios desolados en la luz mínima de sus himnos, la Carta del poeta bajo los hongos de la muerte. Fueron amores y residencias, ciegos relojes, campanarios. Fue nerudiano el ombligo de la poesía, caracol, alba, Sur, trenes, naufragios, astros a lo lejos y vino España muerta, degollada, lorquiana. De los hongos muertos de sus muñones alzados en las Plazas de Toros, crecieron banderas rojas: fue fugitivo el poeta, su canto atravezó América y sería otro el cocimiento de su caldo.

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