Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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ELIZABETH ROMERO: EL ARTE NO ES (UN BICHO AISLADO) PARA SU CONTEMPLACIÓN...

 

 

De las Mutaciones

 

El arte no es (un bicho aislado) para su contemplación: Elizabeth Romero

Por: Araceli Zúñiga

Diseño de columna: Federico Martínez Montoya

 

Elizabeth Romero –tercera parte de la Serie Mujeres en Acción, investigación de Josefina Alcázar, presentada (en fragmentos) con la gentil autorización de la autora-.

 

El alhajero de la Mona Lisa

Foto Maritza López

 

Elizabeth Romero nació en la ciudad de México, en 1960.

 

Escritora, artista visual, promotora cultural, curadora, musa, madre. Desde 1985 realiza Performance como tal, antes realizó eventos, acciones o apariciones. Transita con espíritu ecléctico por lo multidisciplinario. En 1983 comenzó a utilizar el sobrenombre “La Doctora”, un alter ego, sofisticada feminidad y dandismo que hacía apariciones en exposiciones y actos públicos ataviada en referencia al tema de lo exhibido. Y es la cronista indiscutible del Grupo SUMA.

Documentación del tatuaje

Foto Maritza López

Como muchas mexicanas es Guadalupana de (sangre, huesos y) corazón. Sabemos que documentó visualmente todo el proceso de creación del tatuaje de la Virgen de Guadalupe en su espalda. Posteriormente el fotógrafo Federico Gama dejó testimonio de la acción de perforarse los labios vaginales (con puntas de maguey) para colocarse un piercing (hecho por Katia Tirado), y así ofrendar su sangre a la deidad morena.

Escritora, performancera y chamana que cura el espíritu (y el cuerpo), Elizabeth Romero pertenece a la especie de las curanderas, de las sanadoras, de las que ven, como María Sabina; María Teonanácatl:

 

Soy la mujer del pensamiento

Soy la mujer creadora

Soy la mujer doctora…

Madre gestante

María Sabina, chamana/curandera mazateca que nació en la Sierra de Huautla de Jiménez y murió en Oaxaca. Fue una “…mujer de rara moral y de una espiritualidad elevada al consagrarse a su vocación…”: curar. Utilizaba los hongos nanacatl para ver y potenciar sus dones de sanadora, a través de la palabra/canto, que empleaba como un mantra, logrando estados de enorme concentración. “Yo adivino –solía decir-, cantando adivino todo lo que va a pasar”.

Lágrimas

Foto Maritza López

 

La realidad es que María Sabina representaba para nuestra cultura occidental –así como sucedió a la llegada de los españoles- no sólo oscuras herejías demoniacas, sino mantener vivo el germen de la rebeldía y la pervivencia del otro modo de percibir el mundo. Del otro modo de pensar y de ser. De la otra cultura. De la otredad. Como Elizabeth Romero. La Otra.

Sabina heredó de sus antepasados los conocimientos sobre medicina tradicional y curación mediante hongos alucinógenos -sus niños pequeños-, gracias a lo cual se convirtió en una afamada yerbera que guiaba a quienes consumían hongos por motivos terapéuticos o antropológicos. Su fama trascendió las fronteras de México y constantemente recibía en su modesta casa de Huautla las visitas de estudiosos e interesados en el llamado teonanácatl, entre ellos a don Fernando Benítez.

Niñez los huecos de la memoria

Foto Maritza López

 

¿De qué color fue María Sabina? Me gustaría decir que fue una mujer Roja. Pero María Sabina fue de todos los tonos y de todos los sonidos. Fue azul real, o turquesa erguida, o lila perfumada, o no fue nada que pudiéramos ver, oler o tocar. Porque esta mujer de sonido y de luz era un ser de vibraciones que nos llegaban a través de la palabra en su tono tonal mazateca. Y curaba. Curaba a nuestro nagual. Curaba nuestra cólera y nuestro dolor. Así, canturreando. Toda la noche. Hasta que su voz se convertía en nuestro propio torrente sanguíneo. Voz enrojecida. Sin tibieza. Como Elizabeth Romero: La Doctora.

Diosa

ACCIONAR PARA LIBERARME

ELIZABETH ROMERO BETANCOURT

 

“Yo soy escritora y artista visual. En este orden. Mucho tiempo pensé que sólo pensaba con palabras, en octubre de 1978 empecé a estudiar Letras Hispánicas con miras a dedicarme a la lingüística, pero pronto me fui de una facultad en la que no sucedía gran cosa y me aventuré a la zona del arte. Me formé viendo, asistiendo, escuchando, leyendo (soy mejor espectadora que cualquier otra cosa), estuve muy cerca de miembros del grupo Suma, trabajé con Santiago Rebolledo haciendo acciones en la calle, obra objetual que firmábamos como Elixantiago o Elisantiago, en una utopía llamada República Amapola y en un proyecto editorial de nombre Mesa de madera. Como Agru-Pasión Entre Tierras fabricamos y distribuimos impresos mediante el arte correo. Hice ilustración, neográfica, arte correo y acciones, al mismo tiempo que impartía clases de literatura y talleres de impresión mimeográfica, para mí todo era parte de lo mismo. El arte correo fue muy importante para mí; en las condiciones políticas y sociales de los años ochentas era muy reconfortante estar en una red de artistas a los que nunca veríamos en persona, pero con quienes pudimos trabajar y crear intercambios que llegaron incluso a la amistad. En particular, creo que la integridad y calidez del querido argentino Edgardo Antonio Vigo fue un regalo de la vida. Además el arte correo me proporcionó cierta identidad propia; en México parecía ser que yo era "la esposa de Santiago", siendo Elizabeth expuse en Brasil, Argentina, Italia, Japón y ví mi obra publicada en varios catálogos y en dos de los libros de estampillas postales que Vigo armaba y enviaba a todo el mundo. A los 24 años comencé a escribir sobre arte, descubrí mi capacidad para ver y decidí no moverme de aquí, es decir, puedo ser artista, promotora, locutora de radio y lo que venga, pero mi columna vertebral es la escritura.

Hermana

Foto Maritza López

 

El proceso tan largo y difícil para que el arte "no oficial" emergiera de una especie de submundo o realidad alterna y obtuviera visibilidad, es algo que presencié de manera directa. Cuando se inicia la legitimación, todo fue muy confuso para mí. Mi idea de artista proviene de los setentas, de nociones colectivas y estructuras horizontales, de redes de solidaridad, de trabajo común para obtener espacio y presencia, de multidisciplina, de sistema articulado, de pertenencia a un gremio, de autogestión. Tengo esa idea porque viví y crecí en un país distinto a éste (pero no mucho), por años he creído ser sólo una gota de agua: pequeña, pero tenaz; diminuta y tan fuerte como para horadar, crear fisuras y finalmente penetrar y permear, gracias a la terquedad. La especialización me parece casi antinatural, no comprendo taxonomías ni la integración de curadores, becas, spouncers y otros accesorios de la globalización y tampoco la loca carrera por legitimarse de muchos artistas jóvenes, perfectamente ajenos a su entorno. Y sí, la paradoja es que muchos trabajamos para insertar a la fotografía, las artes no objetuales, los jóvenes talentos y otras cosas más en el curso del sistema oficial. Eso, al mismo tiempo que nos dedicamos a vivir, criar hijos, crear mucha o poca obra, batallar en lo cotidiano para decir "mi cuerpo es mío", protestar por la invasión a Granada, sobrevivir al terremoto, cuidar a los primeros enfermos de sida, votar y demás, en un país extenuado por sus saqueadores. Sí, el arte es bien bonito, pero resulta que no, que no es un bicho aislado para su contemplación.

Novia y esposa

Foto Maritza López

 

¿En dónde comienzo a ser performancera y dejo de ser madre?, ¿en dónde soy escritora y ya no soy periodista?, ¿a qué horas termina el ser provedora, promotora, ama de casa y me dispongo a modelar desnuda? No sé, y no me importa. Todo se une y concatena, todo es un proceso. Sí es importante saber que el arte es un sistema -masculino y patriarcal, por cierto- y que sus prioridades, valoraciones y temporalidades no son las mías: es decir, a mi edad yo ya debería haber hecho y logrado equis cosas, pero yo dispuse mi maternidad, lactancia y crianza para la hora en que otros publican o se hacen famosos siguiendo modas y tendencias. Sí sé que me funcionan los dos hemisferios cerebrales, que puedo iniciar una obra de manera escritural y desembocar en la creación de un objeto, que a veces es a la inversa: la creación de un objeto me facilita, me lleva, me hace entender algo que sólo el flujo de las palabras termina de decir. Hasta ahora la Acción no ha hecho más que aliviarme de obsesiones, su ser efímero me permite resolver en poco tiempo las cosas masticadas y repensadas veinte o mil veces, me alivia saber que tiene caducidad, que lo hago, que acaba y ya. Si la escritura y las palabras son muchas veces tormentosas, fuente de una duda permanente y una ansiedad irresoluta, la Acción es la equilibradora, me muestra cuán simple y liberadora puede ser una imagen en el momento justo. Incluso ahora, escribiendo esto, un destello me clarifica que estando en Acción soy más yo, que la autora de textos o la que firma un objeto.

Adolescencia

Foto Maritza López

 

Xipeme, es una obra de proceso, hasta hoy he creado dos Acciones, una veintena de objetos que han dado dos muestras individuales (pero también colectivas), una sesión de tatuaje documentada, dos sesiones de corte de cabello también documentadas, un reportaje ganador de un premio nacional de periodismo, un poema recuperado de entre decenas de cuartillas, muchas horas de lectura, investigación y apuntes pergeñados, y pretexto para una reunión de performanceros e instaladores en Morelos. Por más de 20 años he estado alrededor de Xipe Tótec, "Nuestro señor el Desollado", mito azteca sobre el sacrificio y la liberación. Mi primera idea era escribir un libro, el peso de esta meta y la obsesión por recopilar y entender, analizar e interpretar me provocaron una angustia terrible. En una experiencia de desdoblamiento, me vi exactamente como creí que debería ser yo xipeme (la víctima del sacrificio). De entre todos mis recursos como escritora y productora de imágenes, la única salida viable y efectiva fue a través de la Acción. Para mí fue una epifanía alcanzar una imagen resolutoria, accionar para liberarme, concretar las mil abstracciones que fabrico del dolor y el sufrimiento propio y social. Lo relevante fue hacerlo, desollarme metafóricamente y, al mismo tiempo que produje imágenes, y haber dejado en la piel impresa la piel obsoleta y caduca de las muchas mujeres que fui en los últimos veinte años: la esposa, la amante, la madre, la hija, la seductora, la burlada, la cabrona, la pendeja, etc.. Luego, revisando las imágenes también arribé a otros descubrimientos, a la percepción de la transformación del cuerpo y cómo lo habitamos, al imaginario introyectado y aspiracional -consciente y no- de convertirme en Venus de Willendorf.

Otras de mis Acciones se han referido a estereotipos de belleza y comportamiento femenino o a mi ser escritora o a la devaluación de la moneda; mi alter ego La Doctora -siempre jocosa y lúdica- anduvo desde mediados de los ochenta y hasta hace no mucho haciendo "apariciones" (por ahora ignoro su paradero, pero es seguro que volverá).

Muchachita

Foto Maritza López

 

En México-Tenochtitlan, noviembre de 2003
Año de los Caracoles

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