Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Transición Heteróclita
(Fermento)

 

"Avanzar es caminar, modificarse en el tiempo, ir hacia delante. Las civilizaciones avanzan, las culturas se modifican para bien o para mal, pero nunca serán las mismas. Es el dinamismo al que se refirió Goethe cuando dijo: LA DIVINIDAD ES ACTIVA EN LO VIVIENTE Y NO EN LO MUERTO, porque avanzar, modificarse, es VIVIR. Vivir es estar sujeto al cambio continuo. Cuando el cambio se detiene llega la muerte."
 

 

 

 

(Artículo escrito en 1996 por el Dr. Luis Sánchez Mejía, motivado por la obra de Rosa Matilde Jiménez Cortés. Años después, en respuesta, surge el planteamiento de 'curar' su texto con la serie Transición Heteróclita conformada por fotografía y vídeo, porque el arte es un fermento en constante renovación y cambio).




 




 




 




 




 




 




 




 




 




 




 




 


     

 

 

(Leer texto completo)

 

 

Avanzar es caminar, modificarse en el tiempo, ir hacia delante. Las civilizaciones avanzan, las culturas se modifican para bien o para mal, pero nunca serán las mismas. Es el dinamismo al que se refirió Goethe cuando dijo: LA DIVINIDAD ES ACTIVA EN LO VIVIENTE Y NO EN LO MUERTO, porque avanzar, modificarse, es VIVIR. Vivir es estar sujeto al cambio continuo. Cuando el cambio se detiene llega la muerte.

Picasso permaneció siempre vivo , porque siempre se modificó de acuerdo con su tiempo. Se conservó joven , porque siempre hubo algo nuevo en su vida capaz de interesarlo. La juventud de una persona puede medirse por su capacidad de asombro.

Si los estados y caracteres emocionales cambian al correr del tiempo, cada una de ellos requiere un lenguaje adecuado y es necesario para expresar su nueva condición. Resulta de esto que la técnica de un artista se encuentra en perpetuo movimiento, en incesante mutación, a fin de seguir lo más cerca posible el contenido de su pensamiento y emoción.
 
Picasso dijo: “ No busco, encuentro”. Primero es el pensamiento, la idea, el estado emocional distinto que aparece, y de esta condición surge la técnica adecuada para representar con la precisión más exacta, el contenido de ese pensamiento y de esa pasión. Así, cada obra artística, es una aventura técnica y estética; ya que las artes son el único medio para establecer relaciones armoniosas en el hombre, las cosas, las ideas y los sentimientos.

La pintura no es un ideal abstracto de belleza o una lírica configuración de la apariencia visible. Es la manifestación objetiva de la respuesta del artista ante un motivo; ya sea cosa, hecho o idea. El parecido entre la realidad visible (o sea la representación fiel de la naturaleza, casi fotográfica) y las imágenes pintadas, no tienen actualmente valor alguno, y el artista no necesita sujetarse y dejarse presionar por la presencia visible de una naturaleza que quiere dominar. La representación fiel y exacta del motivo, implica falta de poder creativo, porque eso es lo esencial en el arte, la creación y no la representación servil de lo visible.

En sí mismo, el arte lleva su patrimonio de expresiones cognoscitivas y emocionales y de sí mismo debe extraerlos, si quiere revelar la configuración de lo real dentro de la misma realidad. La realidad de lo objetivamente real. Esto se hace muy aparentemente en el retrato, lo real es la fisonomía del modelo, pero esta realidad es la que percibimos con los ojos, y seguramente la fotografía contiene su más fiel representación; el artista va más allá de la fisonomía aparente, penetra en la realidad del personaje, o sea en su realidad íntima, en su psicología, en sus caracteres espirituales y trascendentales, y los recrea, mediante la magia de su pintura, de su representación. Ofrece la realidad (mostrando lo que es como persona), de lo aparentemente real (su fisonomía, bien captada por la fotografía, y percibida por los sentidos).

Picasso rara vez pintó del modelo natural. Buscó dentro de sí y con ello fue al encuentro de sí mismo, al encuentro con su mundo de acción. Un punto importante es no confundir la vivencia estética con la vivencia placentera. Los sentimientos, o mejor la sensación de placer, es vivida exenta de problemas diferentes en intensidad, nivel, volumen y efectos. Esta es una vinculación más floja o más íntima con representaciones sensibles, juicios, recuerdos y espeanzas.Se acostumbra dividir los sentimientos en dos grupos: los vitales y los espirituales, sin desconocer su mutua conexión. Los criterios a como se realiza esta conexión, difieren mucho de unos a otros autores; sin embargo en la mayoría de los casos se encuentra su causa en las reacciones orgánicas dependientes del sistema nervioso autónomo. Se manifiesta por las modificaciones en la repartición de la sangre circulante, de la respiración y la actividad de los órganos digestivos, que se alteran con los sentimientos. Estas funciones alteradas, repercuten en los estados emocionales. De esta suerte, pudiera encontrarse en el área de las reacciones corporales, una conexión entre las sensaciones vitales y los sentimientos espirituales.

Los estímulos placenteros actúan a través del diencéfalos sobre el sistema endocrino, muy señaladamente sobre las suprarrenales que liberan adrenalina, de ahí el carácter dinámico del estado placentero. Cuando se disfruta del placer, se hace notoria una renovada y acentuada corriente de vida en nuestro interior, una calidez interna, que libera del frío y del embotamiento. En la vivencia de todos los estados de placer, se encuentra el aumento positivo de la intensidad del bienestar y la eliminación de lo desagradable. La plenitud del placer tiene como característica una acentuación en la unidad armónica del sentimiento de la vida, de una conexión entre el cuerpo y la conciencia. El placer rechaza todo problema.

Una serie de sensaciones provienen del interior de nuestro cuerpo y suscitan inquietud, tensión y son experimentados como perturbaciones desagradables tales como el hambre, la sed, la fatiga, la opresión, la incomodidad, etc., que como estados vitales desagradables, se diferencian de las impresiones ingratas que llegan por los sentidos; como luz cegadora, colores chillones, disonancias, cosas asquerosas y otras semejantes. En contraposición con esas impresiones desagradables, los sentimientos vitales son referidos al propio estado corporal y no a un motivo exterior. Nos sentimos cansados, hambrientos o enfermos. En cambio la motivación que llega por los sentidos, ya sea por la repulsa de un objeto, de una situación, hasta de una agresión, es una propiedad cualitativa dada por el mundo exterior, y no posee ninguna tendencia a la reflexión, sino a la repulsión, y ante esto, la reacción será el medio adecuado, casi siempre instinto, para suprimir la sensación desagradable; cerrando los ojos, tapándose los oídos o huyendo. En cambio las sensaciones que dependen de las modificaciones internas del sujeto, o sea las sensaciones vitales, no son eliminadas por la acción directa, automática, instintiva, sino que es menester responder a ellas, con una acción deliberada. La fatiga exige reposo; el hambre alimentación; la sed bebida.

El placer se relaciona en mucho con la vida cotidiana; placer de comer, placer de contemplación, placer de una caricia, hasta el mismo placer sexual sin amor. Por otra parte, el estado placentero se encuentra estrechamente unido a un sustrato fisiológico y la mayor parte de las veces -por no decir de todas- se desencadenan por estímulos físicos que tienen respuestas orgánicas, como aceleración del ritmo cardíaco, palpitaciones; respuestas respiratorias como suspiros en correspondencia de ciertos estados de ansiedad; musculares como contracturas o relajación; hormonales con fuertes descargas de adrenalina que estimulan las funciones orgánicas. Por eso el placer, por su misma naturaleza es estimulante vital. El estímulo que sobre los labios ejerce un beso, envía impulsos al sistema hipofisiario que libera gonadotropinas, las que a su vez actúan sobre los genitales, especialmente en la mujer. Hay modificaciones circulatorias, y de temperatura, estímulos a secreciones modificantes que despiertan un estado de “celo” más o menos aparente, según el temperamento de las personas, acompañado de su cortejo sistemático: respiración suspirosa, aceleración del ritmo cardíaco, sensación de vacío en el pecho… en fin, se establece todo un complejo funcional que es fuente de sensaciones íntimamente integradas a un estado emocional placentero muy particular.

Seguramente el órgano más adecuado para recibir estímulos placenteros es la piel; y el tacto, la sensación más importante; la caricia, el contacto de los labios, la suavidad de los contactos, las diferencias de temperatura. Todos estos estímulos y respuestas se interrelacionan con el estado emocional de un ciclo, bien conocido.

El placer que pueda ofrecer una obra de “arte”, por ejemplo, la que muestra mujeres jóvenes y agradables, ya sean desnudas o semidesnudas, o con brillantes y coloridos vestidos regionales, o las llamadas pinturas de “calendario”, son estímulos que no son, ni pueden ser estímulos de reflexión. Esto seria monstruoso y además una pedantería. Por eso Berenson nos enseño que “lo bonito es siempre inferior a lo bello, aunque agrade más a las multitudes”.

La vivencia estética, a la que no podemos negar un fondo placentero, es de tal naturaleza, que suscita juicios y reflexión, tensiones emocionales profundas, que pueden llegar a la angustia o la voluptuosidad , a estados místicos o de ansias de vivir. La vivencia estética tiene poca relación con la participación orgánica. Los estados placenteros se asocian a los estímulos sensoriales y, su cortejo orgánico, está más relacionado con los instintos que con el intelecto… cuando el sustrato fisiológico desaparece, el placer ha terminado.

En cambio la vivencia estética, que como dijimos, tiene un fondo por lo menos inicial placentero, persiste como estado emocional, independiente del cortejo de reacciones orgánicas, y muchas veces se da sin ellas, y algo más, repercute en el ánimo y la mentalidad consciente, persiste en el recuerdo y puede existir sin las modificaciones funcionales orgánicas.

El placer se disfruta, se percibe, se siente corporalmente. La experiencia estética se vive, es una vivencia, entendiendo por eso, el concepto de Ortega que dice: “Vivencia es una experiencia que consciente o inconscientemente te incorpora a la personalidad del individuo. Es el fin de la comunicación entre el sujeto y el Universo en términos de voluntad, de afecto y conocimiento”. Para Husseel cada experiencia es un momento del pensamiento, y la totalidad de las experiencias, engarzadas entre sí, forman el contenido de la conciencia.

Sobre este estado de pensamiento y de conciencia se proyecta una condición emocional, un sentimiento estético que se genera dentro del propio espíritu ante estímulos específicos. Un estado emocional liberado del comportamiento orgánico, -por más que pueda tenerlo en la fase placentera de la experiencia, pero que desaparece-, es un estado espiritual de plenitud perdurable, consciente al intelecto. corresponde a un desarrollo espiritual avanzado, compuesto como señala Husserl, de muchas experiencias que alcanzan esa condición interna que llamamos belleza, que aparece con estímulos adecuados y continúa evocada por el recuerdo, ahora si, en toda su pureza, libre de todo agregado, libre de todo vestigio placentero, porque el placer se disfruta, se siente corporalmente relacionado con su acompañante orgánico.

 

Texto: Luis Sánchez Mejía Guizard 
Imágenes & Vídeo: Rosa Matilde Jiménez Cortés
http://roma77amor.blogspot.mx/2013/02/transicion-heteroclita.html

Escáner Cultural nº: 
170
Tus pinturas, rebosantes de vida, de luz...pasión, belleza. Amor. Son poesía!! Te amo, Rosa, te amo por ser como eres.Por hacerme sentir tu belleza a través de tus pinturas!!
Tus pinturas, rebosantes de vida, de luz...pasión, belleza. Amor. Son poesía!! Te amo, Rosa, te amo por ser como eres.Por hacerme sentir tu belleza a través de tus pinturas!!

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