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REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Una cualidad lírica de un encanto duradero
La pintura norteamericana y chilena en el Centenario de Chile, 1910
 
Entre el 19 de marzo y el 18 de mayo de 2014, el Museo Nacional de Bellas Artes, junto a la curadora norteamericana M. Elizabeth Boone, presenta la exposición Una cualidad lírica de un encanto duradero. La pintura norteamericana y chilena en el Centenario de Chile, 1910. 
 
La selección se basa en el diálogo entre la pintura norteamericana y chilena, generado a partir de la Exposición Internacional que tuvo lugar en el recién construido Museo, con motivo de la celebración del Centenario de nuestra Independencia en 1910.
 
Una cualidad lírica de un encanto duradero es una muestra que surge de las investigaciones de Dra M. Elizabeth Boone sobre las exposiciones universales y centenarios en los Estados Unidos, Europa y América Latina, y que nos permite revivir, a partir de obras pertenecientes a la Colección del Museo, la Exposición Internacional llevada a cabo hace más de 100 años en el MNBA.
 
El 21 de septiembre de 1910 se inauguró en el Museo Nacional de Bellas Artes la gran Exposición Internacional, con motivo del Centenario de nuestra independencia. Entre los países invitados a participar se encontraba Estados Unidos, nación que compartía bastantes rasgos con Chile: ambos eran repúblicas, miraban hacia Europa y a su vez se diferenciaban de ella. A pesar de estas similitudes, desde el punto de vista chileno, Estados Unidos era un país comercial y no artístico.
 
El gobierno norteamericano aceptó la invitación, nombró a un comisario y un sub-comisario para organizar la muestra y envió cerca de 120 pinturas y 40 esculturas a Sudamérica. Es así como los chilenos se sorprendieron por la cualidad del arte norteamericano. 
A Pedro Lira, pintor formado en las academias de París y Director de la Escuela de Bellas Artes en Chile, también le llamaron la atención las obras norteamericanas: “después de recorrer con avidez y premura las salas numerosas que encierran ese complicadísimo resumen del arte mundial, saludemos desde luego a la gran república de los Estados Unidos, por sus sorprendentes adelantos, que la autorizan a colocarse dignamente al lado de las grandes escuelas europeas”.
 
Entre los autores presentes en la exhibición estaban los norteamericanos Charles Francis Browne, John C. Johansen, J. Francis Murphy, John F. Stacey y Charles Morris Young, y sus pinturas establecieron un diálogo con sus coetáneos chilenos Pedro Lira, Onofre Jarpa, Alberto Valenzuela Llanos, Alfredo Helsby y Benito Rebolledo Correa. 
 
Al finalizar la exposición, a fines de diciembre, el gobierno chileno compró varias obras para incorporarlas en su incipiente Colección, entre ellas un grupo de pinturas estadounidenses, lo que resulta interesante, ya que desde el punto de vista chileno, Estados Unidos era un país que hasta entonces destacaba más por su desarrollo comercial que artístico. 
 
Entre las obras escogidas estuvieron las pinturas de Charles Francis Browne, John C. Johansen, J. Francis Murphy, John F. Stacey y Charles Morris Young, cuatro de las cuales habían recibido medalla de algún tipo en la exposición de Buenos Aires. Como señala la Dra. M. Elizabeth Boone en su escrito Una cualidad lírica de un encanto duradero: La pintura norteamericana en el Centenario de Chile, 1910,  “las obras adquiridas en Chile por el Museo Nacional de Bellas Artes —cinco paisajes y un desnudo— forman una selección que tuvo mucha resonancia en un país que compartía con los Estados Unidos las riquezas del campo y las aspiraciones de un país joven. Las obras aquí expuestas muestran algunos puntos de contacto: la dedicación a la tradición académica, la mezcla armónica de los rasgos humanos con el mundo de la naturaleza y el amor por las praderas y los ríos del campo.”  
 
Los resultados de la Exposición Internacional fueron tanto mercantiles -la compra y venta de pinturas, por ejemplo- como artísticos. Browne pintó varios paisajes de Santiago durante su estadía en Chile y los expuso al público estadounidense al volver en 1911. Browne y Trask también iniciaron una amistad con el pintor chileno Alfredo Helsby, cuya obra se incluye en esta exposición, y lo invitaron a visitar los Estados Unidos. Helsby llegó en 1914 y presentó sus obras en varias ciudades del país durante los años siguientes. Efecto de este intercambio es que hoy su cuadro “Luna llena, Limache, Chile” pertenezca a la colección del Smithsonian American Art Museum en Washington, D.C. 
 
Para Roberto Farriol, director del MNBA, “esta investigación y la presente exhibición de obras pertenecientes a la Colección del Museo, junto con la puesta en valor artístico de nuestro patrimonio, también pone en relieve una arista desconocida de esta importante exposición en el Centenario de Chile, permitiéndonos conocer las implicancias políticas y artísticas presentes en dicha exposición”.
 
Sobre la curadora
La Dra. M. Elizabeth Boone es profesora catedrática de historia de arte en la Universidad de Alberta (Canadá) y se especializa en el arte de Estados Unidos, España y Latinoamérica de los siglos XIX y XX. Imparte clases y escribe ensayos y libros sobre temas relacionados con arte, identidad nacional y relaciones transnacionales. Ha trabajado en varios museos norteamericanos, incluyendo el Metropolitan Museum of Art y los Fine Arts Museums of San Francisco. 

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