Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Texto de Justo Pastor Mellado

 

FACTORÍA SANTA ROSA INAUGURA MUESTRA SATO: EL ARCHIVO, DEL ARTISTA NIKOLÁS SATO

 

11 de marzo al 12 de abril, Factoría Santa Rosa, entrada gratuita. Avenida Santa Rosa 2260, segundo piso. Abierto lunes a viernes de 12:00 a 17:00 hrs. sábado de 11:00 a 18:00 hrs. Domingo cerrado.

 

En esta muestra Nikolás  Yoshinobu Sato expondrá dos grandes obras. La primera es propia y consiste en una serie de pinturas que ha realizado en el último tiempo. La segunda es acarreada y persiste a través de la disposición de una gran cantidad de documentos personales,  en una vitrina especialmente fabricada para su exhibición, donde expone la historia de su familia de origen japonés, a partir de la llegada de su bisabuelo Sutejiro Sato hace cien años a Valparaíso.

 

Es un gran riesgo presentar ambas cosas, porque significa conectar con una distancia que nunca es suficiente, el universo  público del arte con el espacio  privado de una historia epistolar.

 

En 1917 llegó a Santiago Sutejiro Sato y comenzó a trabajar de inmediato en el jardín Primavera, que pertenecía a un hermano que se habían instalado antes en Chile.  Luego ejerció de jardinero para conocidas familias santiaguinas y viñamarinas.  Lo que hay que retener de todo esto es el oficio de  este hombre, a la sazón, bisabuelo de Nikolás Sato. Entre sus pertenencias traía bulbos de diversas plantas que luego trasplantó en Chile, en particular, bulbos de bambú negro.  Pero sobre todo, traía consigo un savoir-faire especial que por razones complejas de explicar, fueron traspasadas a Nikolás Sato, que  descubrió desde muy temprana edad una particular propensión a  los oficios que lo vinculaban con su filiación  japonesa. 


  

 

Sin embargo fue hace unos pocos años que heredó unas maletas con papeles y fotografías que la familia había acumulado desde el arribo de su bisabuelo hasta los años ochenta, cuando su abuelo intentaba  escribir en japonés unas cartas al gobierno de Japón para que rescataran a un hijo suyo,  tío de Nikolás, preso por la dictadura.  Este último, finalmente, puso exilarse en Suecia.

 

Lo que dejó a Nikolás Yoshinobu Sato prácticamente paralizado de emoción fue la gran cantidad de cartas familiares, escritas en papel de arroz y plegadas en delicados sobres,  que daban cuenta de una otredad caligráfica que  determinaría sin saberlo  el sentido de su pintura.

 

En esta exposición, entonces, expondrá su trabajo  reciente, así como los documentos gráficos de su filiación, como momento inicial para un gran proyecto sobre  migraciones y floristería.

 


Justo Pastor Mellado
Critico de Arte y Curador independiente.
Premio Regional de Ciencias Sociales "Enrique Molina"
Concepción, 2009

justopastorvalparaiso.blogspot.com
www.justopastormellado.cl



  

 

BIOGRAFÍA DEL ARTISTA, por Nikolás Sato

 

A muy temprana edad me di cuenta de la facultad que tenía para los oficios;  por eso decidí  profundizar en ellos  y puede entrar a estudiar  mi secundaria en el Rudolf Steiner.  Allí tuve a mis primeros maestros: Javiera Moreira, Hernán Matta y  Odette Sansot. Con ellos  aprendiendo muchas técnicas. No conforme les pedí más aún y por las tardes  me iba a l taller de Javiera Moreira  después de clases.  Pero al mismo tiempo  tomé un taller extenso de figura humana durante dos años con la maestra Carmen Pérez.   Al salir del colegio postulé a la Beca Amigos del Arte que me permitiría estudiar en el DUOC-UC.  Sin embargo, no quise firmar el pagaré  y entonces postulé a otra beca, en la Escuela de Artes y Oficios del Fuego, donde me acogió su directora Simone Racz.  Allí obtuve mi título de técnico superior en cerámica gres. Ahí fue que  conocí a mi maestro Octavio Román, al que  le pedí integrarme a su equipo de trabajo en escultura,  donde aprendí todos los procedimientos (cera perdida, moldes, matrices, etc).  Después me fui a vivir al  Centro Cultural Eros Lab, en Avda. Matta,   integrándome a otras disciplinas como la  música, danza , teatro y el cine, ampliando mis  expectativas.  Al final de un corto período subí a Peñalolén, en la  Comunidad Ecológica,  donde me  arrendé un taller pequeño que luego fui ampliando. Aprendí carpintería para fabricar mis propios bastidores y terminé trabajando de asistente de un ebanista.  Durante un tiempo lijaba las piezas para un lutier.  

En torno al 2004 regresó de Holanda una artista muy especial con la que comencé de inmediato a trabajar: Pancha Núñez.  Fue ella la que me abrió la mollera hacia el arte contemporáneo.  Ella  fue la que me enseñó a “recortar y pegar”, sin pretender  tomar cuidado en la durabilidad de los materiales.  Logramos trabajar y crear juntos y salir de unos  esquemas aprendidos, ingresando a la  “academia de la basura”, donde todo era recolección y rearticulación de materiales. Trabajamos durante  seis años y logramos tener hasta nuestra propia galería de arte, donde hicimos hartas exposiciones de artistas amigos.  Ahí  llegó mi gran amigo Pablo Domínguez, que  arrendó  un restaurante entero que había dejado de funcionar y  lo convirtió en su taller.  Allí compartí  largas  jornadas de pintura, llegando a ser  el hombre más feliz del mundo. Después de su inesperada  y triste partida, que nos afectó enormemente,  decidimos con la Pancha  mover el taller a Valparaíso.   Allí nos instalamos en el puerto barrio Echaurren,  donde trabajamos unos años más, al cabo de los cuales  decidimos  seguir caminos separados.  Hicimos una exposición de despedida, que se llamó “el traspaso de los pinceles”.

En Valparaíso participé activamente  en el taller El Litre, indagando en las artes escénicas y participando en espectáculos y  festivales.  Allí  me arrendé una casa en el cerro San Juan de Dios, donde viví como siete años, hasta que en el 2013 empecé un proyecto con la familia de Nicanor Parra, con sus hijos Chamaco y Barraco,  que me encomendaron  una obra escultórica  -"El Hablante Lirico"-, de ocho  metros de alto por diez de ancho, para  la celebración de los Cien Años de Parra. 


 

 

Luego de terminada la obra regresé a Santiago y me instalé en casa de mis abuelos.  Debo decir que desde hace algunos años me había empezado a interesar en la historia familiar, ya que mi bisabuelo japonés se había instalado a comienzos del siglo XX, ejerciendo su oficio de floricultor.  Esto ha sido una historia familiar larga y documentada, que siempre martilló mi cabeza, esperando el día en que podría hacer algo con la gran cantidad de documentos que heredé.  Junto a esto,  me di cuenta que mi pasión por los oficios  venía de ahí, ya que en esta misma casa tenían una pequeña fábrica de abanicos.  Todo este saber me fue traspasado, de manera inorgánica pero no menos consistente, y me constituyó como persona y como artista.  Solo ahora he podido disponer de la distancia y de la perspectiva visual que la cercanía de la caligrafía japonesa me ha significado, no solo por la importancia del trazo, sino por la función del vacío.  Obviamente, todos estos rasgos están presentes en mi pintura.

¿Qué busco al realizar esta exposición?  Sin duda, dar cuenta de mi pasado, de mi biografía, el modo como se ha construido mi presente.  Pero hay un aspecto que me sobrepasa y que tiene que ver con la calidad y dimensión documentaria de una íntima historia de migración. Debo someter este material al ejercicio de las técnicas y procedimientos de estudios antropológicos y etnográficos, que permitan reconstruir esta historia y darle un estatuto.  Esto no puede ser un trabajo “amateur”, sino que debo convocar a los especialistas  en este terreno,  para convertir esta documentación en objeto de investigación, tendiente a la formación de un Archivo.  Por eso, el título de la exposición: SATO, EL ARCHIVO.

 

Nikolás Yoshinobu Sato

Santiago, febrero del 2017.

 

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